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10.4.2015 | None

Claudio Tolcachir: “El teatro es fundamental porque es algo vivo”

Claudio Tolcachir: “El teatro es fundamental porque es algo vivo”

Un año de ensayos para crear una historia sobre la soledad y la desconexión. Dínamo, el nuevo trabajo del director argentino Claudio Tolcachir, forma parte de su “universo de la soledad”. Estará en cartel en la sala de Timbre4, en Buenos Aires, del 10 al 25 de abril.

Por Catalina González Salazar

¿Por qué hablar de la soledad? “Me conmueve la gente sola, los cuerpos en la calle, con todo lo que uno puede adivinar de un cuerpo solitario arrastrando una bolsa por ahí, uno imagina el resto de la historia y te conmueve la vida que tienen”, asegura el director Claudio Tolcachir en entrevista desde Buenos Aires, creador de obras presentadas en Chile como La omisión de la familia Coleman (2005), El viento en un violín (2010) y Emilia (2013). “El teatro tiene la posibilidad de atravesar la humanidad y ponerla en el escenario de una forma muy poética y esa fue la intención: contar desde la poesía, desde los cuerpos, desde el espacio lo que sucedía con estos personajes”.

La obra indaga en la historia de tres mujeres interpretadas por Paula Ransenberg, Marta Lubos y Daniela Pal que comparten una casa rodante. Con un texto de poco más de 10 páginas, este ha sido el proceso con mayor cantidad de creación colectiva en la carrera de Tolcachir. El montaje, coproducción de Fundación Teatro a Mil junto al Centro Cultural San Martín, Teatro La Plaza de Lima y el Festival de Teatro de Nápoles, se estrena hoy viernes 10 de abril a las 21.00 horas en la sala de Timbre4. En julio será parte de la programación del Festival d’Avignon, en Francia. Tolcachir no para de hacer teatro porque continúa conmoviéndolo “su humanidad y su potencial para transmitir. Yo por eso sigo amando al teatro”.

¿Cómo surgió la idea de esta obra y sus personajes?

Surgió como todas mis obras, del deseo de trabajar con determinados compañeros. En este caso es un trabajo de codirección junto a Melisa Hermida y Lautaro Perotti, que son actores de Timbre4, y luego partiendo de la idea de las actrices con las que queríamos trabajar.

Fue un proceso largo. Partió de la idea de determinados personajes y cómo transitaban su soledad. Investigar sobre esa intimidad de quien está solo, cómo contarlo sin tener que recurrir al diálogo o al monólogo, generar un diálogo donde el espectador pueda intuir, completar la historia de estos personajes que están conviviendo casi sin saberlo en tres universos distintos, aunque comparten tiempo y espacio. En la obra, de una manera absurda y mágica, estas historias se van a poder alimentar unas de otras.

Es una obra bastante visual, de personajes. Hay algo del lenguaje también que está atravesado por la obra, cómo comunicarse, si sirven las palabras, cómo la soledad y la comunicación tienen muchas formas de ser observadas y atravesadas.

En tu última obra, Emilia, escribiste solo el guión de la obra. ¿Cómo ha sido volver a crear en colectivo?

Fue un trabajo interesante porque son mis amigos y compañeros, trabajamos en colaboración con ellos y también las grandes colaboradoras son las actrices. Nosotros partimos los ensayos hace prácticamente un año con muy poca información de los personajes y ellas se entregaron a las improvisaciones, a búsquedas de escenas y escritura. La verdad es que fueron las mejores compañeras para ir creando esta escritura que cuando partimos no sabíamos que forma iba a tener.

¿Cómo han sido los ensayos con el elenco?

Nosotros partimos con ellas solas, con la consigna de que no tuvieran presente la presencia de las otras, que trabajáramos sobre la intimidad de estos personajes. Es muy importante en la obra además la presencia de un músico, Joaquín Segade, que está presente todo el tiempo en el escenario. La música es realmente un pensamiento, esa vibración de lo que las personas callan, lo que acompaña cada una de las emociones. Es algo nuevo para mí, tener música en vivo en escena, y es un trabajo fundamental.

Todo ese proceso, la inclusión del músico, el desarrollo de las situaciones, el espacio que ocupan en particular -porque la casa tiene muchos escondites, trampas, juegos que nos permiten hacer elipsis de tiempos con las escenas-, todo eso fue un proceso creativo de ensayos. Te diría que fue para mí la obra de más creación conjunta. Tuvo que ver mucho la propuesta de ellas y cómo fuimos trabajando con sus cuerpos en vivo para la creación de la obra.

¿Dirías que eso es lo que más has disfrutado en esta producción, la creación conjunta?

Lo que más disfruto de hacer teatro es la gente con la que lo hago. Cuando puedes disfrutar de tus compañeros, de la creatividad de los otros, que te estimulan y te ayudan a ser mejor, es lo mejor que puede pasar en el teatro, y cuando eso no está, es lo peor que puede pasar en el teatro. Así que, sí, fue todo esto que te digo, el desafío de encontrar nuevos lenguajes, el desafío de lanzarse en la aventura de crear una obra que no está escrita de antemano, de salir a buscar esa historia y al mismo tiempo lo bueno y lo complejo de tener muchas miradas sobre el trabajo, todo eso fue lo más placentero y más complejo.

Esta casa rodante, que tiene recovecos y escondites, ¿es un personaje más de la obra?

Absolutamente. Acá es fundamental la escenografía -un trabajo de Gonzalo Córdoba-, porque es la que cobija y permite contar cada uno de estos universos de manera tan particular. Es muy artesanal la casa, pero nos permite jugar con el tiempo y con la sorpresa de por dónde pueden aparecer estos personajes. Lo nuevo también es arriesgarnos a construir un espacio como esta casita rodante. Vas a ver cómo la usan por arriba, por abajo, cómo se esconden, aparecen, y la verdad es que eso significa un esfuerzo muy grande para producciones como la nuestra. Por suerte tenemos ayuda de festivales y fundaciones como Teatro a Mil que nos ayudan a cumplir los sueños.

Hablabas de que tiene mucho que ver con la palabra no dicha, los silencios. A varios de tus montajes los cruza la desconexión de las personas. ¿Cuál es la esencia de Dínamo?

Creo que es el universo de la soledad, de historias muy particulares, donde hay personajes que han quedado varados en el camino, como esta casa rodante que dejó de avanzar. Personajes que de alguna manera están atravesados por una ausencia, pero siguen viviendo, a veces en el absurdo, como un personaje que quiere retomar el tenis a los 50 años y eso tiene un valor muy personal, porque tiene que ver con su historia más viva. La dueña de la casa es una músico vanguardista, muy rupturista, que ha quedado aislada del mundo por un dolor amoroso. El otro personaje tiene una diferencia muy grande, porque viene de otro país y habla un idioma que hemos inventado. Nos interesaba mucho la historia de un inmigrante que viene de afuera, de cómo lo ven, cómo no lo ven, de cómo se va integrando al mundo que le toca.

Así que son tres historias muy diferentes que tienen que ver con los universos de la soledad y con la comunicación, que no siempre es la palabra. La conexión tiene que ver con la posibilidad de escuchar a otro nivel, es más profunda.

Has dicho que incomodidad es una de las palabras que más te importan dentro del teatro. En Dínamo, ¿con qué se va a incomodar el público? ¿Con qué se van a enfrentar?

Es una obra que invita mucho a la imaginación, a completar esos espacios vacíos que en realidad no están vacíos porque están llenos de historias, pero que dan un lugar al espectador para terminar de escribir esa historia con su imaginario, con su propio universo. Eso a mí me parece muy interesante, que el espectador no sea pasivo, que pueda meterse en la historia y que de alguna manera gracias a eso la haga suya.

¿Por qué crees que el teatro es fundamental hoy en día? ¿Por qué la gente debiese ir a ver a teatro y Dínamo?

Tiene mucho que ver con esta obra el por qué es fundamental el teatro: porque es algo vivo, porque estamos solos, porque estamos rodeados de velocidades y elementos que nos encierran, que nos quitan identidad. Y vuelvo a la soledad. La soledad también es encontrarte desnudo con quien eres, con quien soñaste ser. Y en el caso de Dínamo, las tres actrices y el músico son fuegos que se encienden y que atraviesan al espectador con su historia, con su propia humanidad. El teatro es, en medio de tanta información, algo vivo, un cuerpo que está ahí, sudando, sintiendo, intentando cosas, moviéndote, y eso es lo que más me conmueve del teatro, su humanidad y la potencia que tiene para transmitir. Yo por eso sigo amando el teatro.

Más información en Timbre4.

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